Hoy lo entiendo
En el banco de mi memoria reposan recuerdos de mi infancia y
del hogar, muy especiales. Algunos cotidianos, casi insignificantes para muchos,
pero valiosos para mí. Son recuerdos que toman un brillo especial al
comprenderlos desde la óptica del adulto, algunas décadas después. Siempre, me
intrigó, por ejemplo, porqué mi mamá soplaba la leche hervida en el jarro antes
de llenar mi taza. Me preguntaba si lograría enfriar toda esa cantidad de leche
caliente solo con soplar… Hoy lo entiendo. No pretendía enfriarla si no impedir
que la nata formada en la superficie cayera a mí taza. Cierto día mi padre me
reprochó el dejar salpicada la pileta del baño cada vez que me lavaba las manos.
¿puede ser esto tan importante como para enojarse así?... Hoy
lo entiendo. Cada vez que mi esposa deja la casa impecable, trato de que dure
por lo menos ese día, persigo a mis hijas para que colaboren con el aseo. Me contaron de una
esposa que cortaba los extremos del pescado antes de sumergirlo al sartén. Intrigado
su esposo le preguntó el motivo: “ No sé. Siempre vi a mi madre hacerlo de esa
manera. Preguntémoselo a ella.” Al hacerlo se sorprendieron de la respuesta:
“Hijita, es que éramos tan pobres que no teníamos más que una pequeña sartén. Debía
cortarle los extremos si quería que cupiera en el recipiente. Pero tú, con ese sartén
tan grande que tu esposo te compró no necesitas hacerlo”… La vida nos enseña
con el paso del tiempo cosas que en algún momento no comprendíamos. Son lecciones
que deben ser aprendidas a medida que atravesamos pruebas. Lección reprobada, lección
que hay que repetir. Creo que una de las tragedias de la vida, es atravesar
prueba sin “cosechar” las lecciones que nos quieren enseñar. Es Dios el que está
detrás de esas pruebas; son lecciones que necesitamos aprender y que Dios nos
quiere enseñar. Ver las cosas incomprensibles desde otra óptica cambia la vida.
Hoy lo entiendes, tal vez ayer no. Hoy no entiendes, tal vez mañana sí,
Descansa, confía, observa, considera.
La escuela aún no termina, y aquí no hay
graduados.
La graduación de la escuela de la vida será allá, en el
cielo.

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