Avanza igual.
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La nueva y joven generación hebrea estaba frente al río Jordán
a punto de alcanzar el sueño dorado que sus padres no fueron capaz de lograr. La
generación anterior pereció en el desierto como consecuencia de su cobardía e
incredulidad. Bajo el mando de Josué, único sobreviviente de aquella fatídica
tragedia y junto a Caleb, este grupo de muchachos cargaba una pesada mochila de
desgracias y modelos disfuncionales. Huérfanos e inexpertos, nacidos en el
anonimato del desierto, pero influenciados por Josué y animados por las
palabras de su Dios. Del otro lado del río estaba la tierra prometida. Había
gigantes que derrotar y ciudades que conquistar, pero también abundantes frutos
y una tierra en la que fluía leche y miel. Tres fueron las decisiones que
tuvieron que tomar. Primero, la de avanzar. Aunque las aguas del caudaloso rio estaba todavía corriendo,
Jehová les dijo que en el mismo instante que sus pies se mojaran, se abriría un camino
seco. Pero ellos deberían dar el primer paso, el de avanzar. Es un paso de fe. Es
el estilo de caminar de los justos. La segunda decisión fue la de abandonar. Parecía
una locura, después de cruzar el río, listos para la guerra, rodeados de
ejércitos con sed de combate, la palabra de Dios dice: “circuncidados”.
¿Queeeeeé? Con un pos operatorio de 40
días y soldados sin experiencia era, estratégicamente hablando, una total
locura. Pero Dios dijo y había que obedecer. De lo contrario, caerían en el
mismo pecado de sus padres. Bueno, la victoria fue de Jehová. La tercera y última
decisión fue la de alimentarse. Sí, cuando se animaron a comer del fruto de la
tierra, esé mismo día cesó el maná que les había mantenido por cuarenta años. Pero
siempre, el primer paso era de ellos. Tú vida y la mía están en constantes
desafíos y conquistas nuevas. De nuevas fronteras, decisiones de fe. Dios te
animará de diferentes maneras. No te paralices.
Quien decide obrar puede equivocarse pero quien no hace nada
ya está equivocado
